Carlos Cañadas
Texto de Catálogo. Variaciones Dalton, 2023
Shown at La Madraza. Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada
Auténticos cuerpos de inmaculado éxtasis
resplandeciente moran en el trance, «en el vacío y en el
silencio» (…), y se les pide estar como están: ENCANTADOS.
Jack Kerouac[1]
Si el lenguaje es un virus, y yo un infectado, al toser me taparé torpemente la boca con la palma de la mano, y a través de mis dedos se filtrarán suficientes micropartículas como para hacer una montaña de un grano de arena, para reconstruir la torre de Babel, y me limpiaré en el pantalón, que por si acaso, echaré a lavar.
Creer en las imágenes: No solo creo, sino que me controlan.
Hablemos entonces de escapada: Quiero poder pensar. Quiero dejar de pensar, pero quiero poder pensar de aquella otra manera que no sé definir pero que a veces sé encarnar. Para conseguirlo: Pintar eliminando cualquier valoración, evitar todo pensamiento representacional, narrativo, evitar el buen gusto —me permito ser hortera en el texto porque me lo he permitido también en las imágenes. Ya utilicé el plata, el siguiente paso sería entonces la purpurina—. Para pintar libre de objetivos: fijar un objetivo. Tomar la posición de niño, de miope, pintar y colorear. Para tener éxito, retirarse: inserto en un linaje que no entiendo.
Lo que ahora quisiera es contar con un cabalista convencido que pudiera explicarme, a partir de unas cuantas operaciones matemáticas con las palabras de los bocadillos, para qué todo esto, y si realmente habrá algo escrito que merezca la pena —si quien pide recibe y quien busca encuentra, será mejor no buscar tanto—.
Me doy cuenta de que todo esto realmente responde a mis intereses originales, que fueron, entre otros, ser un mago y ser un vaquero —en realidad siempre fui más de indios, pero con lo apolíneo que me pongo sin yo quererlo, me di por vencido; como mucho llegaría a vaquero—.
Repetición mecánica: Variaciones Dalton supone la liberación —o quizás escapada— del segundo enano. La influencia de los enanos dicotómicos en este caso se hace más fuerte que en The Searchers. Más lúdico, más desinhibido. Los dos se manifiestan en colaboración. Aunque van por su cuenta, queda la simiente de un proceso. Con lo que juegan ahora es con la cuerda que los ataba, con las tripas del diablo y su aguijón, lo han despedazado y desnudos se lo comen y restriegan por su entrepierna asexuada —esta es una definición que escribí en el verano de 2022—.
Recientemente he leído esto de Blake:
La razón de que Milton escribiera en cadenas al hablar de los ángeles y de Dios, y en libertad al hablar de los Demonio y el Infierno, radica en su condición de Poeta verdadero y, sin saberlo, del bando del Demonio.
William Blake[2]
La fuerza de lo sombrío está en ascenso. No es una experiencia catártica, no hay además ni purificación ni liberación. Más bien habría que hablar de un exorcismo que la parroquia ha encargado a un seminarista. Y esto que sigue es un detalle anecdótico, pero entra dentro de la poetización personal que, habitualmente, no sale a la luz. Poetización intracerebral. Me refería a esto: El negro con el que está casi todo hecho, a falta de tinta Molotow, que se me acabó en las dos o tres primeras piezas, es Nero d’Inferno, un nombre que al menos en mi poética intracerebral, es significativo.
Solo nos encontramos con lo que estamos preparados para afrontar, incluido aquello que nos sobrepasa y no podemos afrontar. O quizás no, y se debe a algún ritmo o cadencia cósmica que coloca cada cosa en su sitio en el espacio y tiempo exactos, y nuestro pensamiento lo desencripta tan buenamente como puede. En ese caso, todo está ya aquí, inadvertido.
El mundo está encriptado, quien lo desencriptará, el desencriptador que lo desencripte buen desencriptador será.
Muchas de las personalidades del expresionismo abstracto estadounidense reflejan el arquetipo de cowboy, el macho libre, el american artist as a superhero. Ahora que con mucha y justa razón se critica y problematiza todo eso, habría que darle una vuelta más al razonamiento. Ahora que la revisión es el canon y se presenta como el camino a seguir, la contracultura resultante puede verse potencialmente ocupada por los superhéroes. Construyamos un lugar —Interzonas— desde el que podamos seguir siendo nosotros los que vamos a la contra, o la gente más insospechada empezará a considerarse punki.
Y a propósito de esta escritura, creo que habría que volver a la redacción original —para mí, de hace 15 años—. No conocer ni conceder existencia a los signos de puntuación, si acaso una coma, como si un goterón se nos hubiera caído del pincel a la tela. Por ejemplo, yo, a día de hoy que escribo esto, apenas he visto los colores de las pinturas bajo la luz del sol, mis pinturas son pinturas para la luz de un foco del BricoDepot.
Por cierto, tampoco tiene pinta de que vaya a llegar a mago, si mago es, como dicen los renacentistas, el iniciado: aquel que sabe verdaderamente de lo que habla. Saber-verdaderamente-de-lo-que-se-habla. Me parece que, en realidad, no entiendo de pintura, ni de muchas otras cosas. Conozco artistas que tiene cosas muy interesantes que decir y referentes que señalar, yo tengo que hacer como que los tengo, como que sé algo, como Woody Allen, como anti-Warhol —el uso de este prefijo se inspira directamente en anti-Cosmo y anti-Wanda—. Suele darme la impresión, en cualquier caso, de que el conocimiento y los referentes que sí he tenido hace ya tiempo que los olvidé.
Para no tener que tomar ninguna decisión sobre el fondo, tampoco tomar ninguna sobre la figura. No tener modelo que imitar, ni historia que contar. Con un único personaje quizás lo habría conseguido mejor, pero son 4. Las tensiones entre ellos reproducen el padecimiento del que se siente fragmentado. Si la imagen es un organismo vivo, y cada una de sus partes un órgano, colapso. Consideraciones meta-artísticas: no puedo sino referenciar el propio espacio representacional, como idiota, sin saber salir más allá de sí mismo. Por otra parte, esas pinturas están en el mundo, y no es entonces un acto escapista sino de macro-visión, quizás esto es lo he en realidad podría defender como hiperrealismo. Un fondo que no esté tras la figura, sino en el mismo plano. ¿Superficie greenbergiana, o superficie grinbergiana?, no sé si me explico.
Planteo una duda: ¿hay unos colores más coloreados que otros? ¿Qué color es el más color? ¿No pareciera que el rojo, por ejemplo, es más color que el amarillo? Además, me parece que así se ha entendido colectivamente, como cuando se dice «pásame la blusa/ ¿qué blusa? / la colorá» o «sabes más que los ratones coloraos» En cualquier caso, yo diría que el rojo es un color mucho más color que el azul, por ejemplo.
Graso sobre magro solve et coagula skate and destroy.
Ahora, me gustaría dedicar unas palabras a los desiertos abovedados: Originalmente, conducía por una carretera cuando tuve la idea.
Y aún no está hecha, pero estos desiertos son el precedente de esa próxima pintura, la de la primera idea. Lo curioso de pintar el vacío es que cada gesto produce un objeto más que lo niega. Pintando cualquier otra cosa, como no hay demanda de negatividad, no pasa nada. Pero pintar un páramo supone tanta negatividad que cualquier mínimo movimiento es afirmación. Es entonces una imposibilidad desde su propia concepción, una aporía. ¿Cómo pintar lo desierto?
Paisajes apofáticos. Desierto sería donde no hay un camino evidente, pero sí donde quizás hay pistas para un fin desconocido. A priori, desierto es donde no hay historia. Pero ¿qué historia hay en lo que sí hay allí? El desierto, en su propia naturaleza, es iconoclasta. He leído, «la noción de la nada engendra la piedad» y aquí lo transcribí, pero ya no sé de dónde lo saqué. La cuestión fue entonces pintar los detalles según los cuales llegué a pensar que no había nada. Hay tantos detalles, que la semibarbarie es el estado idóneo.
Los paisajes kenótico no formaban parte de la serie al principio, pero han surgido durante el proceso y tiene sentido incluirlos: La idea original era no salir de la repetición exacta de las 20 primeras imágenes. Luego entendí que las dos de la hoguera y el silencio del peñón matizaban y cerraban bien el conjunto. Los desiertos surgen como respuesta a una necesidad formal y expositiva, que es la sala abovedada. Son imágenes que quizás pertenecerían a una próxima serie, y así conectan en realidad a los Dalton con lo próximo.
Pintar un espacio en el que se pueda habitar anímicamente. Como en los memes de «mentally I’m here», si tenemos la sensibilidad suficiente para que eso nos haga gracia, creo que estos desiertos pueden estar bien.
Los desiertos son entonces el trabajo previo para un trabajo próximo. Hay días de trabajo con el color, y hay días de entintado. El entintado es el lenguaje y el color es el mundo, o quizás no. A continuación, tres posibles influencias inconscientes para haber pintado estos desiertos: El Desierto B de Moebius, Everything de David OReilly, Jesucristo.
Otra cualidad que hermana estos paisajes con The Searchers es que soy físicamente incapaz de moverlos sin degenerarlos. Su existencia ahora mismo, con los recursos con los que cuento en mi taller —dos manos— está abocada a la destrucción. Me sorprende que no les falten más trozos. Pocos pelos y pelusas tienen.
[1] José M. Prieto, El sutra de la Eternidad Dorada: Budismo y catolicismo en Jack Kerouac (Madrid: Miraguano Ediciones, 2011). 84 p.
[2] William Blake, Antología bilingüe (Madrid: Alianza Editorial, 2022) 155 p.